El súper héroe criollo
Todo bien. (No era todo bien.)
No saber IA en 2026 es el nuevo "todo bien" (patrocinado)
En esta edición hablamos de identificar lo que sabemos que tenemos que cambiar, pero que no hemos podido nombrar del todo. Aprender IA antes de que se vuelva urgente es exactamente eso.
En 4 sábados en Cartago, profesionales no-tech están construyendo herramientas que les ahorran horas de trabajo manual — sin saber programar. Quedan 4 cupos.
Tengo un alter ego.
No lo inventé. Lo fui construyendo sin darme cuenta, a punta de años de querer quedar bien con todo el mundo.
Desde que tengo memoria, he buscado validación. Que me vean capaz. Que confíen en mí. Que cuando salga de una reunión, alguien diga “ese man sí sabe lo que hace.” Parte de mi vida adulta la he pasado trabajando en que las expectativas de los demás no me controlen — pero si soy cochinamente honesto, todavía me controlan más de lo que me gustaría admitir.
En el trabajo, ese alter ego tiene nombre: el super héroe criollo.
No lleva traje de licra. No tiene capa ni logo en el pecho. Lleva pantalones cortos — o pijama. Trabaja remoto desde casa y generalmente arranca sin haberse duchado. Cuando hay un problema, él lo detecta primero. Y en vez de decirlo, lo carga solo. En silencio.
¿Por qué? Por dos razones que durante mucho tiempo confundí con una sola.
La primera es cultural. En LATAM no nos enseñaron a comunicar los problemas — nos enseñaron a resolverlos. Decir “hay un problema” suena a debilidad. Suena a que no podés con el trabajo. Y en un entorno donde todos están corriendo, transferir tu ansiedad al equipo se siente como una crueldad innecesaria. Así que decís lo más fácil: “Todo bien.”
La segunda razón es más incómoda de admitir. Si lo resuelvo yo solo, quedo bien. Si nadie sabe que hubo un problema, pero sí ven que todo funciona, me van a ver como el que tiene el control. Como el que sabe. Como el que merece estar ahí.
Sí. También es eso.
El problema con ese alter ego es que funciona — hasta que deja de funcionar.
Porque mientras yo cargo el problema solo, el equipo toma decisiones basadas en “todo bien”. Los líderes no escalan. Nadie tiene contexto. Y la presión sigue subiendo, subiendo, subiendo. Como una olla a presión que sigue cerrada, acumulando energía.
Hasta que alguien la abre.
Y cuando todo explota — más grande, más visible, más difícil de controlar — el primer señalado soy yo. Con justa razón. No porque no haya intentado resolver el problema. Sino porque no comuniqué. Porque dije “todo bien” cuando claramente no lo era. Porque dejé que mi necesidad de quedar bien le costara caro al equipo.
Eso me ha pasado más veces de las que me gustaría contar. Y lo peor no es haber fallado — lo peor es que durante mucho tiempo no supe exactamente qué estaba haciendo mal. Sabía que algo no funcionaba. No sabía cómo cambiarlo.
Fue hablando con Aurora Durón — Recruiting Manager en FullStack Labs — que logré organizar algo que ya sabía que tenía que trabajar, pero que no había podido nombrar del todo. Ella compartió un framework que, al menos en papel, es lo opuesto exacto a lo que el súper héroe criollo hace por instinto.
Estos son los cinco puntos que ella me compartió. Los escribo tal como los entendí — no como una receta, sino como un mapa que yo mismo todavía estoy aprendiendo a seguir.
1. Comunicá desde la calma, no desde el pánico.
La forma en que llegás con el problema importa tanto como el problema mismo. Si llegás en pánico, generás pánico en todo el equipo. Si llegás con claridad — aunque no tengas todas las respuestas — generás confianza. Antes de escribir ese mensaje o entrar a esa llamada, respirá. Un punto de calma antes de comunicar cambia completamente cómo el equipo te recibe.
2. Sé transparente desde temprano.
No esperes a que el problema escale para hablar. Cuanto antes lo comunicás, más tiempo y más opciones tiene el equipo para actuar. Esconderlo no te protege — te expone. La transparencia temprana es lo que separa a un profesional confiable de uno que te sorprende con bombas.
3. Llegá siempre orientado a solución.
No llegues solo con el problema. Llegá con lo que ya estás haciendo al respecto: “esto está pasando, lo estoy resolviendo de esta forma.” Esa diferencia transforma la conversación completa. No le estás transfiriendo el estrés al equipo — estás pidiendo apoyo con un plan en la mano.
4. Dale proyección.
¿Cuándo se va a resolver? ¿Qué se va a hacer para que no vuelva a pasar? Un profesional que responde esas dos preguntas suena diez años más senior de lo que es. No porque sea más inteligente, sino porque demuestra que piensa más allá del momento.
5. Mantené la comunicación abierta.
“Si esto escala, te aviso.” Esa frase sola genera más confianza que resolver el problema en silencio. Le devolvés el control a quien lo necesita, y demostrás que no vas a desaparecer con el problema entre manos.
Aurora lo resumió con una imagen que no pude sacarme de la cabeza: ¿preferís un piloto que te diga “vamos a entrar en una zona de turbulencia, aquí está el plan” — o uno que te diga “todo está bien” mientras el avión se sacude?
La respuesta es obvia. Pero en nuestro trabajo, seguimos eligiendo ser el segundo piloto. Yo incluido.
De hecho, escribir esta newsletter me sirve exactamente para eso: para recordarme los puntos que me compartió Aurora. A veces los aplico de inmediato. A veces me dejo llevar, digo “todo bien” y solo me doy cuenta después, cuando la olla ya lleva un rato acumulando presión.
Pero lo que me da moral es esto: al menos ya sé cuándo estoy eligiendo mal. Y eso, aunque suene a poco, es un inicio bajo el cual trabajar.
¿Cuándo fue la última vez que dijiste “todo bien” cuando claramente no lo era?



