Hay algo que pasa mucho en nuestro gremio. Cuando alguien quiere crecer, su primer instinto es aprender más. Más lenguajes. Más frameworks. Más certificaciones. Como si el problema fuera que saben poco y la solución fuera acumular.
Hablé con Yeferson Gaitán —dos veces finalista del ICPC, el Mundial de Programación. Fue a Beijing. Fue a Dhaka. Y cuando le pregunté qué le dio profesionalmente toda esa preparación, esperaba que me hablara de algoritmos. De complejidades. De estructuras de datos avanzadas.
Me dijo: “La lógica es como un músculo. La entreno. Sé que luego voy a poder alzar las pesas más grandes.”
Eso no era lo que esperaba escuchar de alguien que literalmente compite en la élite mundial del código.
Yeferson trabaja hoy como Software Engineer. Tuvo la oportunidad de entrar a empresas como Google o Facebook. Eligió quedarse en Colombia, trabajando en impacto local. Y cuando le pregunté cómo encaja la IA en su trabajo, me dijo algo que no se me va a olvidar:
No tiene sentido hablar de soluciones si no he entendido el problema. Y no tiene sentido hablar de implementaciones si no he pensado en una solución.
Tres pasos: entender el problema, diseñar la solución, implementar.
La IA, dice Yeferson, cubre muy bien el tercero. Escribe el código. Genera la función. Produce la estructura. Pero los dos primeros —entender qué hay que resolver y diseñar algo que escale, sea testeable y se alinee con a dónde va la empresa— esos siguen siendo del humano. Porque la IA no tiene ese contexto. Tú sí.
Lo que está pasando en la industria no es que la IA reemplaza a los programadores. Es que la IA está revelando qué parte del trabajo siempre dependió de criterio y qué parte siempre fue ejecución mecánica. Y la ejecución mecánica ya es barata.
El problema es que muchos programadores construyeron su identidad profesional sobre la ejecución. Saber escribir el código. Conocer la sintaxis. Manejar el framework. Y ahora que eso se vuelve commodity, no saben bien qué les queda.
Lo que les queda es lo que Yeferson lleva años entrenando sin llamarlo así: la capacidad de enfrentarse a un problema sin saber la respuesta y no colapsar.
Eso no lo enseña ningún bootcamp. No viene en ninguna certificación. Se construye resolviendo problemas difíciles, fallando, intentando de nuevo. Es literalmente un músculo: atrofia si no se usa, crece si se le exige.
Yeferson lo dice directo al final del episodio:
“A mí no me dicen nada cuando alguien me dice que sabe muchos lenguajes. ¿Cómo eres para resolver problemas?”
Esa es la pregunta que la industria ya está haciendo. Y no todos tienen la respuesta.
Recurso de la semana
No te lo recomiendo para que te prepares para entrevistas (aunque sirve para eso). Te lo recomiendo por lo que describe Yeferson: entrenar el músculo de resolver problemas antes de que haya presión. 15 minutos al día de problemas fáciles enseñan más sobre tu forma de pensar que un mes de tutoriales de YouTube. El nivel Easy ya duele cuando no tienes el músculo. Eso es el punto.










